La leche, un alimento que es parte de la canasta básica, es considerado un alimento completo para la alimentación del humano dado su importante aporte de nutrientes (proteína, energía, vitaminas y minerales).
Dentro de la composición de la leche, la grasa tiene importancia fundamental debido a su influencia en las propiedades organolépticas del producto.
En muchos países, la leche como producto alimenticio, específicamente refiriéndonos a su contenido de grasa, ha adoptado una imagen negativa por el consumidor debido a que ha sido relacionada con la incidencia de enfermedades no infecciosas tales como la diabetes, problemas cardio-respiratorios y cancerígenos. Estos problemas en la salud han sido enfocados en la concentración e ingestión de grasas saturadas, principalmente la de los ácidos grasos laúrico, mirístico y palmítico, las cuales comprenden gran parte de la proporción de la grasa láctea. La literatura estima una proporción de 70-75 sobre 100 de contenido de grasa saturada en la leche. Este hecho ha generado el interés entre los investigadores en conjunto con los ganaderos en el sector productivo para la generación de medidas estratégicas en el sistema de producción.

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