Cuando hablamos de aprendizaje colaborativo nos referimos a un sistema de aprendizaje basado en las interacciones entre los integrantes de un equipo. Es en sí mismo un proceso, en el que de forma gradual e intencionada, los miembros de un equipo se hacen “responsables” del aprendizaje de cada uno de los demás integrantes.

En función de la forma en que se organiza al alumnado para realizar las actividades de una acción formativa, se pueden distinguir tres tipos o modelos de aprendizaje: Aprendizaje competitivo: cuando la actividad se estructura en forma de competición y el aprendizaje está ligado al éxito o al fracaso (aprobar o suspender).
Aprendizaje individualizado: cuando la actividad es de desarrollo individual y los criterios de progreso son personales. No se tiene en cuenta al resto de los alumnos.

Aprendizaje cooperativo y colaborativo: en el que para realizar la actividad es indispensable la colaboración con el resto de alumnos. Son tareas de aprendizaje que no se pueden realizar si no es cooperando. El éxito personal está ligado al éxito del equipo y los criterios de valoración comprenden otros aspectos relacionados con el funcionamiento del grupo.

Para entender mejor este concepto se puede analizar la definición que realizan Johnson y Johnson (1987) : “En las situaciones de aprendizaje cooperativo, los estudiantes experimentan sentimientos de pertenencia, de aceptación y de apoyo; y las habilidades y los roles sociales requeridos para mantener unas relaciones interdependientes pueden ser enseñadas y practicadas”, en la que queda de manifiesto que este tipo de prácticas además de incidir en el desarrollo de aprendizajes significativos, permite fomentar en los alumnos las habilidades en las relaciones interpersonales y la inteligencia social.

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