Para Ainscow, (1.995), en la visión curricular, Se evalúan las realizaciones de los alumnos como base para la evaluación de los programas educativos.
Este enfoque ecológico ha tenido su influencia en la evaluación educativa, que se caracteriza por (Ainscow, 1.988):
– Reconocer la complejidad de la vida en el aula y la importancia de su evaluación y registro.
– Utilización de los métodos de evaluación naturales para obtener información: observación informal, cuestionamiento y discusión. La clave no es la adopción de nuevas técnicas o tests sino trabajar directamente con el alumno en el aula.
– Reflexionar sobre el proceso de aprendizaje de cada alumno y estudiar individualmente sus dificultades.
– Analizar aspectos personales y contextuales, así como la interacción entre ambos.
– La evaluación debe descansar firmemente en los profesores del aula. Ellos son los que mejor pueden evaluar el progreso del aula.

La evaluación, según el modelo ecológico, abandona el enfoque mecanicista para adoptar un enfoque organicista y holístico, basado en evaluaciones dinámicas y constructivistas y en conceptualizaciones ecológicas de la evaluación como las siguientes : información sobre el contexto del aula (Fraser, 1.986 ; Roberston, 1.981 y Ysseldyke y Christenson, 1.989), la observación de las interacciones en la clase (Tikunoff, 1.979, Doyle, 1.986 y Delamont, 1.984), la recogida de datos en ambientes organizativos más amplios (Taylor y Bodgan, 1.986), la autoevaluación de los profesores (Hergreaves y otros, 1.984), los perfiles de los alumnos (Lloyd y Jones, 1.986) y la participación de los propios alumnos en el diagnóstico (Gersch, 1.987).

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