VIAJAR AL PELOPONESO PARA REMEMORAR LA GRECIA CLASICA

El Peloponeso, península del sur de Grecia, recibe su nombre del joven Pélope. Según cuenta la leyenda, su padre lo descuartizó, coció y sirvió a los dioses inmortales, quienes, al darse cuenta, devolvieron la vida al muchacho. Hasta finales del siglo XIX, la «isla de Pélope» estaba unida a la Grecia continental a través del istmo de Corinto, una estrecha franja de tierra. Entonces el gobierno griego abrió un canal que separaría la península definitivamente del continente, si no fuera por la autopista o las vías del ferrocarril que unen Atenas con Corinto. Los puertos de la antigua Corinto atraían marinos de distintos lugares del mundo. Actualmente, en la acrópolis de esta ciudad se observan ruinas que tal vez pertenecieron a un templo dedicado a Afrodita, la diosa del deseo. Al sur, la Argólide fue el territorio donde floreció la civilización micénica. Sobre todo en Micenas, en cuya ciudadela se encuentra la célebre Puerta de los Leones. A través de ésta se accedía al centro neurálgico de aquella sociedad de guerreros que, según la leyenda, conquistaron Troya. Tras recorrer unos 25 kilómetros a través de un paisaje de suaves colinas se llega al teatro de Epidauro. Sobresale su espectacular anfiteatro, el más famoso de los conservados en Grecia. Y para dejarse llevar por una de las islas más pintorescas del Mediterráneo, nada mejor que Hidra, donde el burro es el principal medio de transporte en este lugar cerrado al tráfico rodado. El recorrido por la península del Peloponeso concluye con la visita a las ciudades bizantinas de Monemvasia y Mistra, y Olimpia, lugar que vio nacer la llama olímpica

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